Nacimos para adorar a Cristo. Eso lo sé, pero me encuentro tantas veces cansada que pierdo de vista que dejé de adorar a Jesús en lo cotidiano.
¿Cuántas veces estamos tan afanadas por todo en lo que servimos a Jesús, que nos olvidamos de la mejor parte? Estamos como Marta, haciendo aquí, haciendo allá; que adorarlo consciente y disfrutándolo  es lo que menos hacemos.
Y es que Marta amaba a Jesús igualmente que María. Pero María sabía que hay cosas que cosas pueden esperar…
Al contrario de Marta, ¿cuantas veces creemos que los platos no pueden esperar?, que la comida no puede esperar, que la tarea, que la ropa, que la amiga, que el mandado, que el trabajo no pueden esperar. Bueno, y hasta donde sabemos Marta no era mamá, porque probablemente hubiera dicho algo como “Ay Jesús yo no tengo tiempo, soy mamá” “mis hijos me necesitan” la excusa perfecta que hemos usado para no afrontar la realidad de que una y otra vez Jesús persiste incansable en atraernos hacia él. Porque negamos con nuestras acciones que lo necesitamos más de lo que nuestros hijos nos necesitan a nosotras.
Jesús invita a Marta con mucho amor a sentarse a sus pies y escoger la mejor parte, contemplarlo, escucharlo y verlo; eso también es adorar.
Contemplar al Señor, requiere de una pausa consciente para buscarlo. Buscarlo en La Palabra, la naturaleza, en una conversación , en un hijo, en una comida, en una meditación, una canción…
Porque fuimos hechas para adorar antes que servir. Y sí, servir a Dios y a los demás es una forma de adorar.

by Raque Aguilar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.